Provita y los paseos en Pandemia

16/Nov/2020

Días atrás retomé mis paseos en bicicleta, para recuperar en algo el estado psicofísico después de tantos días de home office, y para seguir descubriendo rincones porteños vinculados con los asuntos de mi interés.

Así decidí dejar los trillados «caminos del Norte» y salir a campear óxido por la «línea del Oeste». Pedaleando sin rumbo fijo llegué hasta los bordes de la estación Liniers y en el paso a nivel de la calle Barragán me sorprendió un conjunto de arquitectura fabril que no tenía registrado: unos silos y un letrero con su correspondiente baliza “Provita”.

Un par de fotos y de trenes después puse piernas a la obra y fui a inspeccionar de cerca el predio siguiendo la máxima: “detrás de toda fábrica abandonada hay un posible juntadero de metal interesante”.Para los que no se ubican, se trata de esa región urbana apretada entre la playa de maniobras de la estación Liniers, los talleres de Villa Luro, el predio de Vélez Sarsfield, la AU Perito Moreno y la Gral. Paz. Una suerte de microclima urbano sin el glamour académico del MSP montevideano, que conserva restos de esplendores pasados como el hermoso chalet estilo inglés sede de la seccional de la Unión Ferroviaria, o el sector del bajo autopista desde el que se accede a la parrilla “El Ferroviario”.

Bajo la mirada inquisidora del vigilador de turno e ignorado por el perro callejero de la zona, acostado sobre el Punto Fijo del Catastro, tuve la idea de deslizar el celular por la rendija del portón del acceso secundario. Para mi sorpresa, en medio de la vegetación que crece descontrolada a expensas del cemento abandonado, ¡yacían los restos de un Torino!Recuperado el teléfono, el zoom hizo su magia, y reveló que además del «Toro», otros espíritus automóviles reposaban entre paredes de heladeras o archiveros metálicos. Ampliadas las fotos en la computadora, y ainda mais, en el televisor lo que parecía una «chancha» resultó ser algo de mayor tamaño: ¿sería un supérstite del O 6600? Misterio.

Mientras tanto en paralelo la curiosidad me hizo activar otras búsquedas para armar un menú tan abundante como los de “El Ferroviario”, en base a esas tomas iniciales. Y vaya que había ingredientes.Resulta que en los tiempos en que el libreño don Arturo Frondizi posaba junto a las C10 y Bedford en la residencia de Olivos, junto con el «Plan Larkin» y la industria automotriz se empezaba a extender en nuestro país la cría de aves de corral (v.g. gallinas) a nivel factoría, mediante la introducción de razas genéticamente modificadas y la ampliación de la oferta de alimentos balanceados, que eran la especialidad de Provita. Tanto proliferaron los criaderos de pollos BB que para 1962 se declaró un brote de la hasta entonces inexistente en nuestro país “enfermedad de Newcastle” (sin relación con la Premier League). Este auge del negocio del balanceado no alcanzó para que la empresa saliera incólume de sus vinculaciones con la falencia del grupo Swift-Deltec y sus ramificaciones con algunos personajones del elenco gobernante a partir de 1966, falencia que motivó en noviembre de 1971 una inédita (por lo numerosa) convocatoria de acreedores para la que debieron habilitarse (sin lómites en el aforo) las instalaciones del Teatro Municipal San Martín.

El caso fue recordado en los últimos meses en relación con la aceitera de bandera santafesina, segunda demostración de que la historia se repite primero como tragedia y después como comedia.

Fotos: Alejandro Tasso

1 Comentario

  1. Excelente tus fotos!!!!

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