Tanques llenos: la YPF de Indio Rico

29/Jul/2020

Hay una práctica lúdica que nunca pierde vigencia. En formato físico o en mapas digitales, siempre despierta curiosidad buscar parajes, pueblos o ciudades con nombres llamativos. Cuando merodeamos el suroeste de la provincia de Buenos Aires, el dedo o el ojo, como en un campo magnético, sienten atracción por Indio Rico.

Este pueblo de poco más de 1.000 habitantes, perteneciente al Municipio de Coronel Pringles, dice estar a 73 km de la cabecera municipal y a 63 km de la ciudad de Tres Arroyos, metido 11 km para adentro (todo asfalto) de la Ruta 85. Es por esa razón que ve pasar el «progreso» un poco de costado y nos permite al recorrerlo sentir el viaje en el tiempo y disfrutar de la enorme predisposición de la gente local a conversar con el forastero. A eso se va a Indio Rico.De hecho, cual «ciudadano ilustre», aquella tarde en Indio Rico hasta vino a saludar el intendente. Me sacó a pasear, curioso por mi presencia allí y deseoso de mostrar todos los orgullos locales. ¿Mis favoritos? El Club Once Corazones (organizador del festival «Corcovos y Jinetes»), la esquina de «Casa López», que exhibe su colección de carteles enlozados y los vestigios de una vieja pintada de época de elecciones (las presidenciales de septiembre de 1973) y la esplendorosa estación YPF, que descubrí gracias a los pies inquietos (o más bien los dedos, en este caso) de Alejandro Tasso.

Mismo día de 2018, mismo itinerario de Bahía Blanca a Tandil (con algunos desvíos…), que avanzada la oscuridad me permitiría conocer la obra salamonesca de Adolfo Gonzáles Chaves.

Pero volvamos a la tarde decembrina en Indio Rico. Al rato de hacerle fotos a la estación, con la anuencia y disposición de su empleado, llegó su propietario desde hace unas cuantas décadas y también me hizo la recorrida por el pueblo en su camioneta, con escala frente a su casa, para fotografiar la única imagen antigua de su estación, cuando aún estaba en manos de sus primeros e inmediatamente anteriores propietarios.

Vaya a saber donde dejé anotados los nombres de los personajes y lo poco que pude averiguar de la historia de la estación, pero lo importante es que ahí está, casi como en sus mejores días, y activa, comercialmente y en la web, gracias a páginas como la de locaciones para filmaciones de la provincia de Buenos Aires, que la visibiliza, asegurando de alguna manera su preservación, su puesta en valor y su proyección en el tiempo.

Fotos: Diego Speratti

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