
No hizo el viaje de Stuttgart-Zuffenhausen al puerto de Emden y luego a Nueva York, como cualquier otro modelo de producción destinado a Estados Unidos. A esta unidad, fabricada también con especificaciones para ese mercado, la sacaron de la línea de montaje sin motor, caja de cambios, depósito de aceite ni bomba de combustible. Su destino, el Centro de Desarrollo de Weissach. Se convirtió así en un vehículo de pruebas y, probablemente, en el primer prototipo del 912 E que se podía conducir. Una pieza que ilustra una página en la historia de Porsche en el capítulo dedicado al 912.
Esa historia comienza mucho antes, en 1971, cuando se consideró el proyecto de crear una nueva generación del 912 para comercializarlo internacionalmente, incluso en Europa. A partir de 1972, se discutieron la rentabilidad y el desarrollo de ese nuevo 912. El proyecto se basaba en el 911 serie F, el predecesor del serie G, pero no pasó de la fase de prototipo. La red de concesionarios de Estados Unidos no estaba interesada inicialmente en este 912, porque el 914 ya tenía éxito como modelo de entrada y no competía con el 911. Un 912 económico probablemente habría robado algunos clientes al 911. Sin embargo, en 1974, se tomó la decisión de desarrollar el 912 E, entonces ya basado en el 911 de la serie G. La razón para hacerlo fue que, en 1976, se iba a dejar de fabricar el Volkswagen Porsche 914, y su sucesor, el Porsche 924, aún no estaría listo para la venta en América. Por lo tanto, el 912 E sólo se vendería en ese mercado.
Un año después, el prototipo 912 E fue retirado de servicio. Se le cambió el motor y fue vendido a un comprador privado de Leonberg, gracias a la mediación de Helmuth Bott, entonces Director de Desarrollo de Porsche. El auto permaneció en la misma familia durante 29 años hasta que, en 2005, lo adquirió el Automuseum Prototyp de Hamburgo, un museo de prototipos de automóviles.
Allí fue donde se fijó en él Jan Adams, un buscador de selectos tesoros automovilísticos, experto y apasionado que sabe tanto de la tecnología de los autos como de su historia. Los restaura y repara, actúa como intermediario, los compra, los vende y los colecciona. Está especializado en modelos clásicos de Porsche y Volkswagen, pero también ha sabido buscar, por ejemplo, un Lancia Delta Integrale u otros modelos exóticos por encargo de sus clientes.
Semanas después se encuentra junto a su 912 E en el que es uno de los primeros días cálidos del año. Se sube al auto y pone en marcha el motor, que solo desarrolla 137 Nm de par pero al que no le falta empuje. Reducido a lo esencial, es un deportivo en estado puro, un modelo de tal singularidad que realmente parece tener alma.
El motor bóxer de dos litros suena como un Volkswagen, pero como el de una furgoneta T2 bien puesta a punto o un 914. La cilindrada de 1.957 cc no proporciona una fuerza descomunal, pero la respuesta no es mala y resulta aprovechable gracias a la caja de cambios de cinco velocidades instalada. A 4.900 revoluciones por minuto envía su máxima potencia al eje trasero, pero no es necesario llegar a tanto. Al igual que muchos viejos autos deportivos, responde mejor al tratarlo con más suavidad. De hecho, se siente el tacto de un 356 en un 911, tal y como sucedía en la primera generación del 912 (1965 a 1969), pero en este caso en un 911 serie G. Los estadounidenses, finalmente fueron los únicos que dispusieron de ambas versiones del 912, el original y el efímero 912 E (tipo 923), que sólo se vendió durante 1976 y del que se produjeron apenas 2.099 ejemplares.
Texto: Thomas Fuths / Fotos: Andreas Lindlahr
Artículo publicado en el número 20 de la revista Porsche Klassik.
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