
Con un craneado discurso conceptual, esta instalación podría estar en un museo de arte contemporáneo o en una feria como Art Basel. Es fácil imaginarla: un DKW Junior después de la amoladora, pintado de puro blanco, cargando bolsas de plastillera blanca impoluta, en un salón de dimensiones infinitas con su piso, paredes, y techo de estricto blanco iluminado por luces de frío tono blanco.
Pero no, le tocó hacer puerta a la vera de la Ruta 11 cerca de Estación Atlántida, frente a un predio donde venden sustratos, tierra fértil y césped en rollos para los jardines de la zona, rica naturalmente en arena. Y justo hoy sábado, a los muchachos que trabajan allí se les ocurrió sacarla a la vista y cargarla de bolsas blancas iguales a las que usan para vender tierra, una idea comercial que quien dice termine siendo tan exitosa como la del Escarabajo de hierro forjado que acabó convertido en el “Vocho de Bodas”. O no.


Viendo a quien registraba al DKW Junior interesado por los automóviles clásicos, fue invitado a pasar “al fondo”, donde había desparramado otros automóviles de valor histórico, cada uno de ellos formando su propia “instalación”, como el Packard seis cilindros circa 1938 bañado en una pátina de verde y óxido o un Hillman Minx Serie I 1956 comenzando a convertirse en “auto maceta”…
Fotos: Diego Speratti















Picho_Perez @
Que historia tendrá ese DKW a cuestas, pensar de imaginarlo en un concesionario 0km esperando el dueño, me da escalofrios, igualmente con el Packard o el Hillman, debería poder conectarse a un computadora para que cuenten la historia.
Güilbeis @
El Packard parece ser un 1937 Six Touring Sedan 115-C 1082