Bugsy Malone: los gangsters también fueron niños

Mariano Speratti
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Los hombres de Fat Sam aguardan en la cantina. El aire, tenso, se corta con un cuchillo. Las negociaciones entre las bandas de gangsters están trabadas, y si no hay acuerdo muy pronto la guerra se expandirá por toda la ciudad. Dandy Dan es un viejo zorro y por eso cunde la desconfianza entre las huestes de Fat Sam. Bugsy Malone es fiel y confiable, pero no le gusta estar atado a nadie. Eso le trae problemas con los gangsters, pero el peligro mayor para Bugsy son las mujeres. A las chicas no se las engaña tan fácilmente, pero qué hacer si el corazón anda tironeando entre la bondadosa Blousy y la arrabalera Tallulah, un imán para los problemas. En fin, que en esa cantina un guiso espeso se cocina a fuego lento. La cita era a las cinco, sin armas, cara a cara. Pero faltan diez minutos para las cinco y esto ya huele a plantón… o a emboscada. Las puertas del boliche se abren de pronto con patadas e imprecaciones. Era una emboscada, nomás. En un tris los hombres de Dandy Dan se apuestan y disparan. Los matones de Fat Sam no alcanzan a reaccionar, y allí quedan… acribillados a cremazos.

Un joven Alan Parker, que venía de escribir el guión de “Melody”, un clásico por estos lares protagonizado por niños en edad escolar, volvería a crear, esta vez como guionista y director, una historia cuyos únicos intérpretes son todos tiernos párvulos (entre ellos una Jodie Foster de 13 años que venía de filmar “Taxi driver”), ambientada en la década de los años veinte. Niños gangsters que cantan, bailan, asisten a cabarets infantiles y luchan por el poder, y en el medio los devaneos amorosos de Bugsy. Las metralletas escupen bombas de crema y los rudos muchachitos se movilizan en autos de época a escala, impulsados a pedal.

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En las varias retrospectivas organizadas a su filmografía, Alan Parker (“Pink Floyd The Wall”, “Corazón satánico”, “Expreso de medianoche”, “Evita” y tantas otras) dejaba afuera ésta, su primera película, por considerarla fuera del registro de sus siguientes films, pero con el correr de los años fue amigándose con ella y considerando que su opera prima había envejecido muy bien.

Los autos que se diseñaron especialmente para la película costaron cada uno el equivalente a fabricar un Mini de aquella época, alcanzaban la máxima de 16 km/h, y no podían moverse si había más de un niño arriba, por lo que en varias tomas hubo que empujarlos entre varios tratando de que no se notara (a veces con discreto éxito, según se puede apreciar en el film).

Vayan entonces algunas imágenes de los vehículos de la película y una invitación abierta a los lectores de vadeRetro para que encuentren posibles autos reales en que se hayan inspirado los de esta película de 1976.

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