“La catedral negra”: el Benz de Rui Barbosa

Diego Speratti
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“Tenés que ir a conocer el Benz de mi vecino Rui Barbosa”, me sugirió una tarde mi compadre Jason Vogel, seguramente algo preocupado porque por ese entonces yo vivía todo el día sentado tomando cerveza “estupidamente gelada” en el bar bajo su apartamento de la Rua Marciana, del barrio carioca de Botafogo.

Había buenas razones para vivir en ese estado. Era el año 2014 en los días del Campeonato Mundial de Fútbol en Brasil y si no “garroneaba” entradas con las automotrices para ver los partidos del Maracaná, celebraba goles y frustraciones allí en el “boteco”, en un ambiente glorioso lleno de gente de todos los rincones del globo y los borrachines del barrio, que antes que vecinos ya eran amigos.

Esperé que avanzara el campeonato para que hubiera días libres y así visitar a la “Fundación Casa de Rui Barbosa”, un museo y centro de estudios socio-políticos, en la casa del político, abogado, constitucionalista, periodista, diplomático y defensor de la incipiente democracia Rui Barbosa, quien habitó el antiguo caserón en la Rua San Clemente 134 de Botafogo, entre 1895 y 1923.

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Jason levantó el teléfono en su redacción, acordó con sus contactos y allí me esperaba Jurema y compañía, para acompañarme a conocer la casa, contarme un poco de la historia de Rui Barbosa y visitar la famosa limusina Benz que ocupa el mismo garaje donde pasó la inmensa mayoría de su vida, ya por entonces más que centenaria.

Es que en el 2014 el Benz acababa de cumplir su primer siglo, ya que su construcción se remonta a 1913, año en que el industrial Joaquim de Lamare compró el Benz, marca cuyo representante en Brasil era Carlos Shlosser & Co (otra de sus marcas era la fabricante suiza de camiones Saurer –ver nota-). Luego de sólo un par de años de uso, lo compró el político Joaquim Pereira Teixeira, quien decidió hacerle un regalo de los buenos a Rui Barbosa.

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AE - Carlos Schlosser Benz Saurer 1911 d

Barbosa lo utilizaría desde aquel 1915 hasta su muerte, en 1923. En aquel año inicial, el intelectual brasilero tuvo un accidente doméstico: cayó desde una escalera y se fracturó una pierna. Como le resultaba más fácil subir al habitáculo del Benz que a los carruajes de caballos, ya no abandonaría más el uso del auto alemán, uno de los más lujosos que se podían ver por las calles de Rio de Janeiro en esos años.

El Benz fue construido en la enorme planta de Mannheim, que además de automóviles y vehículos de carga se especializaba en la construcción de motores aeronáuticos que equiparían a un buen número de aviones alemanes en la Primera Guerra Mundial. Su carrocería tipo limusina tenía estructura de madera, todo el frente incluyendo los guardabarros estaban hechos en acero y el peso total del vehículo rondaba las dos toneladas.

 

Se trata de un modelo 25/55 PS (la cifra mayor, su potencia máxima, a 1.400 rpm) por lo cual, una vez abiertos los lados del capot, se puede apreciar el enorme motor de cuatro cilindros en línea y 5 litros de cilindrada, con los consabidos dos bloques separados, con dos válvulas laterales por cilindro, comandos de válvulas dobles y también doble encendido por bujías en cada cilindro, un carburador simple, refrigeración líquida y arranque a manija, tarea que le tocaba entonces a Luciano Carneiro, el chofer portugués de Don Rui Barbosa. Otras de sus características técnicas son su caja de cuatro marchas (no sincronizadas), con el comando ubicado en el exterior, al igual que la bocina y la palanca de frenos. Para detener a este mastodonte cuenta con freno en la salida de la transmisión y campanas en las ruedas traseras, accionados por pedal y por la mencionada palanca, respectivamente.

Reconocido desde aquella época por el “833” de su patente, el interior merece un capítulo aparte por su vasta superficie vidriada, el revestimiento en tela, el gran sillón con sus almohadones y otros detalles como el plafonnier de cristal en el techo, elementos que hablan del lujo y refinamiento del automóvil. ¿Más? El comunicador de metal y marfil permite conversar con el “chauffeur” pero si la cosa viene más “seca” una botonera permite indicarle al chofer si tiene que doblar a la izquierda, a la derecha, o si debe aumentar o disminuir el ritmo de marcha. La posibilidad de trabajo a distancia la ofrecían un pequeño escritorio y espacios para guardar publicaciones, documentos, dibujos o ideas escritas, sobre los laterales del habitáculo.

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El sacrificado conductor debía manejar bastante expuesto al clima, y el acceso a su sector se podía hacer por la única puerta, sobre el lado izquierdo, mientras que Rui Barbosa y su esposa María Augusta podían ingresar al habitáculo por cualquiera de las dos puertas e incluso invitar a otras dos personas a viajar en los transportines.

A lo largo de su vida, el magnífico Benz recibió algunas renovaciones de pintura y buena parte de los tapizados del habitáculo, pero los trabajos más recientes se hicieron en la década de los años 60. Es por eso que presenta en general un delicado estado de preservación en algunos sectores, fue oportunamente montado sobre caballetes, pero no marcha desde hace más de medio siglo.

Jason me había preparado para lo que iba a encontrar: “hace unos años “secuestré” a un director de comunicación de Mercedes-Benz do Brasil y lo llevé a ver el Benz, para intentar que la compañía se ocupara de ponerlo en marcha y hacer un trabajo para conservar madera y tapizados. Le ofrecí incluso mi departamento de la Marciana como base para los técnicos de Mercedes-Benz Classic. Sacamos fotos de un montón de detalles, pero nunca recibí ningún comentario sobre la idea”.

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A la muerte de Rui Barbosa, en 1923, el Benz 25/55 PS fue legado al Museo Nacional de Brasil, quien decidió en 1936 que era el momento de que volviera al garaje de Botafogo, con la casa del dos veces candidato a presidente ya convertida en espacio histórico y de pensamiento.

Tan impregnado en la cultura carioca y brasilera está el auto de Rui Barbosa, que el poeta Carlos Drummond de Andrade lo inmortalizó como “La Catedral Negra”, y el autor Orígenes Lessa escribió un libro llamado “Así habló el 833: revelaciones de un auto de Rui Barbosa”, en el que ensayaba una biografía del intelectual brasileño desde “la mirada” de su automóvil.

Ayer me acordé del Benz cuando leí en la prensa brasilera que entre todo lo que destruye el paso de Jair Messias Bolsonaro ahora todos los cañones apuntan a la Fundación Casa de Rui Barbosa, donde la mayoría de su personal fue despedido, el nuevo responsable es un youtuber de viajes relacionado con uno de sus hijos, y ya no habrá estudios profesionales en ese lugar y con suerte sólo un museo sin alma ni vida. Jurema y sus compañeras, que me recibieron tan atentamente y me regalaron un libro sobre la vida de Rui Barbosa ya no están allí. Oh, qué será, que será del Benz, que será de Brasil…

Fotos: Diego Speratti, Archivo O Globo, Prensa Mercedes-Benz

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6 Comentarios, RSS

  1. marbadan @

    DIEGO: QUE LINDO SERÍA ORGANIZAR UNA EXCURSIÓN, CON UNA BRIGADA DE AUDACES, MUNIDOS DE HERRAMIENTAS Y TÉCNICAS “COPERFILIANAS” PARA RESCATAR ESA JOLLA, ANTES QUE LLEGUE “ATILA” Y SEA DEMASIADO TARDE……… ¡¡¡¡TRÁGICO!!!!!

    • Alejandro Marino @

      Usted habla de una gesta al estilo de “Corazon de fuego”. aquella donde tres veteranos de la AFE secuestran una vaporera ???
      Avisen y providenciamos apoyo logistico !!!

  2. astonmartin @

    Una gran historia la del Benz y la de su ilustre propietario.
    Considerando como actúan las huestes de Bolsonaro, podría ocurrir que al Benz lo manden a compactar y que en la residencia armen un polígono de tiro.
    Ojalá Brasil se libre pronto de él.

  3. juangarbini @

    Muy buena nota Diego!!!
    Te felicito y gracias !

  4. Omar @

    ¿jolla? es joda…

  5. Carlos @

    Expectacular Automovil y muy buen articulo.

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